RECOLECCIÓN

¿Dónde están los periodistas?, me preguntó Manuel a media mañana durante la recolección, extrañado de la ausencia de testigos invitados a participar en la recolección. No se les espera esta vez, le dije. Una docena larga de hombres repetíamos el mismo ejercicio que dos mil quinientos años antes practicaban aquellos recolectores de aceitunas inmortalizados en la pintura que decora ese vaso cretense que quizás alguna vez tú hayas contemplado.

El mismo arrastre de manos, lienzos y varas, robando las aceitunas a los olivos, agarradas frente al desprendimiento como quien no desea abandonar el hilo que durante meses les ha nutrido de vida.

Esa conciencia de recolectores domina durante el día, alegra a los hombres que se saben triunfadores de esta lucha y domestica a las aceitunas que rememoran el camino que una vez más recorrerán hasta el molino.

Los campos quedarán solitarios y los olivos vacíos para ver pasar así al invierno que se avecina. Mientras tanto las aceitunas comienzan a sudar aceite e inundan nuestras casas con su fresco aroma.

 

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