el fuego

Tratamos de incorporar la materia al suelo. Cuando en el invierno podamos los olivos de Las Quebradillas picamos las ramas cortadas y las dejamos esparcidas creando una capa que lentamente se descompone sobre la tierra. Sin embargo, en un pequeño rinón de la finca, junto al Camino de san Cristobal, el acceso a cualquier vehículo de motor y con él a sus artefactos, está impedido, por lo que repetimos el viejo ritual que más acerca al agricultor con la tarea de roturadores o destructores de materia. Y no por ello, el olor que embadurna el aire e impregna los cuerpos, la atmósfera creada y los juegos de luz son menos bellos. Al final, cenizas somos.

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