UNA COSECHA ESCASA

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Siempre he escuchado que el olivo es un árbol vecero. Como tantos otros ritmos vitales, necesita, tras ofrecer su producción, tomar un descanso con el que recuperar la fertilidad que le lleve a dar una nueva cosecha. Así era hasta que la agricultura dejó de ser un modo cuidadoso de relacionarse el ser humano con la tierra, para convertirse en un mecanismo de explotación de los recursos. Artificiosamente ahora las producciones no se hacen esperar sino que por el contrario son provocadas fuera de aquellos viejos ciclos agrarios. Artimañas nutricionales químicas, depredación de los nutrientes del suelo en especial del agua y la materia orgánica, despreocupación por los residuos peligrosos generados e introducidos en la cadena alimentaria, son algunas de las novedades de las últimas décadas.

La globalización y los transportes, claves en esta era de capitalismo financiero, aseguran que los estantes de los supermercados estén convenientemente surtidos de una uniformidad que lejos de recordar la diversidad antigua de los alimentos de la tierra, exhibe envoltorios similares como los que cualquier otra rama de la industria contemporánea pone cada día en circulación.

Hoy es el Día de la Tierra, celebración que propone la organización SLOW FOOD en muchos lugares del planeta. Me parece es tiempo  para solidarizarse activamente contra las múltiples hambrunas que hay en el mundo, con un menú muy desigualmente repartido entre la población de la tierra. Es tiempo también entiendo que para hablar de la escasez y con ello de la capacidad de reducción del consumo, equilibrando con ello nuestros tiempos, conservando cuando abunda, para igual consumir cuando escasea. Es necesario introducir la práctica del decrecimiento como una ética más a contraponer en esa espiral de crecimiento ilimitado que se extiende por todo el globo.

En esa idea, la escasez es un acontecimiento más, como lo son las tormentas, la sequía y otros fenómenos naturales que nos conectan con la tierra y los alimentos que de ésta obtenemos.

Este año, los veceros olivos andaluces, han vivido una tremenda sequía, complicada con días de mucho calor durante el periodo de floración. Como resultado la cosecha se ha visto reducida en muchos olivares andaluces a un 20% o 40% de la media que anualmente se venía recogiendo. Así ha ocurrido en Las Quebradillas. Tras tres años elaborando una pequeña cantidad de aceite de oliva extra virgen de producción ecológica, apenas hemos recolectado unos cientos de kilos de aceituna, insuficientes para dar lugar al menos a una producción simbólica de nuestro aceite.

Consumiremos casi gota a gota el aceite que guardamos de la anterior cosecha y cuidaremos con mayor esmero si cabe a nuestros olivos para poder tener el año próximo una nueva añada que ofreceros.

Mientras tanto, os invitamos a visitar Las Quebradillas y contemplar cómo esa evolución de las cosas del campo marcha en alianza con las idas y venidas de la naturaleza.

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