LLUVIA EN EL PARAISO

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Los pronósticos más pesimistas habían anunciado un otoño seco que nos había hecho temer lo peor para nuestra exigua cosecha de aceitunas. En mayo un golpe de calor en un momento crítico de la floración impidió que gran parte de esta fructificase. Los olivos alameños, hendeeros y lucentinos se presentan como los más cargados. A pesar de esos vaticinios sombríos, quisieron los cielos por el contrario abrirse a partir de la tarde y noche del 14 de septiembre, fiesta de Jesús en Zuheros, dejando caer casi cincuenta litros de lluvia hasta el día de hoy, vistiendo de otoño nuestro paraíso, haciéndolo más adorable si cabe gracias a esta luz filtrada a base de finos haces de luz solar, tenues y cálidos. Mientras tanto, el viento golpea el silencio, trayendo y llevando misterios, preguntas futuros inciertos en una naturaleza de repente movilizada. Salí a contemplarla y envuelto en ella os invito al paseo…

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PARAISO DE OLIVOS

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El edén o Paraíso se ha concebido como el espacio virgen, prístino o intocado por la mano del ser humano, siendo un ideal arraigado profundamente en el imaginario personal y colectivo de la humanidad.

La irrupción de los impactos derivados de la actividad sobre este lugar tan mítico como  deseado, habría supuesto un choque que pronto condujo a la reivindicación de  una “edad dorada”. Como escribió Horacio:

“Nos aguarda el Océano en torno al mundo: los Campos

Felices, ricas islas, vamos a buscar;

Donde la tierra da sin arar cosecha cada año

Y viñas sin podar florecen por doquier

Y echa sus yemas de ramo que nunca engaña el olivo…”

Y es que tras las prácticas de las comunidades recolectoras y cazadoras, las sociedades agrícolas modificaron ese paisaje paradisíaco que identificamos generalmente con el bosque. En este tránsito, el olivar en su más antigua estampa dibujada a orillas del Mar Mediterráneo, constituyó un ecosistema capaz de entremezclarse con las especies autóctonas del bosque, de cuyos acebuches u oleastros silvestres deriva, evolucionando por medio de un largo periodo de selección hasta alcanzar el paraíso cultivado con centenares de variedades que hoy conocemos.

En Zuheros, cuyo núcleo urbano está considerado como Conjunto Histórico y donde buena parte de su término municipal forma parte del Parque Natural de las Sierras Subbéticas Cordobesas, en la finca de las Quebradillas con apenas una extensión de algo más de dos hectáreas y 351 olivos centenarios, tenemos la evidencia científica de que nuestra plantación cuenta con más de una docena de variedades locales. Este es el tesoro que tenemos el privilegio de conservar y que le invitamos a compartir. Comprobará que no siempre el mito es una ilusión.

 

 “… Íbamos a Zuheros, una enjalbegada reliquia de las guerras moras, uno de esos pocos pueblos andaluces que no han cambiado durante siglos… Pronto llegamos por encima de los olivos, donde los últimos árboles luchaban por sobrevivir… Zuheros era una mancha blanca allá abajo. Desde nuestra alcándara, Paco me mostró su idea del Paraíso de los olivos. Vimos el valle entero, colina tras colina anidando en un anillo de bajas montañas a lo largo del horizonte. Los árboles subían y bajaban en filas largas y derechas. La luz desfalleciente sacaba destellos de plata en algunos parajes. En otros, coloreaba los olivares con sombras de rosa y melocotón y azul cobalto. Y cada centímetro de tierra, salvo las escasas carreteras y los pocos edificios arracimados, estaba plantado de olivos…”

Mort Rosenblum. Olives. The Life and Lore of a Noble Fruit, 1996

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